Cómo debe ser una adaptación a la guardería respetuosa

Estos días de septiembre son días de emociones a flor de piel, sobre todo para aquell@s pa-madres que llevan por primera vez a su hij@ a la guardería o a la escuela. Volvemos a la rutina después de un laaaargo verano con descontroles varios (en los horarios, en las comidas, en los “vale, un ratito de ______ más” -rellena con lo que quieras-) y habiendo pasado las 24 horas al día junt@s. Empezamos una nueva etapa en la que los inicios pueden ser complicados, tanto para unos como para otros.

Como hace justo un año yo estaba igual que muchas madres, hacía mucho tiempo que tenía en borradores un post sobre cómo fue la adaptación de Indira a la guardería (aquí lo llamamos Escola Bressol, que traducido literalmente significa “Escuela Cuna”, ¿verdad que el nombre es precioso?; o también escoleta, que vendría a ser “escuela pequeña”). Así que me lanzo a contaros cómo lo hicimos y sentimos, todo lo que tuvimos en cuenta y qué consejos podría daros a las que estáis pasando por esto desde mi humilde mami-experiencia.

Antes de empezar quiero contaros que cuando nació Indira no sabía cuándo volvería al trabajo. Esto me agobiaba bastante, mi cabeza y mi corazón estaban centrados en una nueva personita que me absorbía el alma y no quería pensar en lo que vendría después. Tengo que decir que antes de quedarme embarazada ya llevaba un tiempo en que no me sentía bien donde estaba (ni emocional ni económicamente), y el hecho de irme a vivir a más de 1 hora de trayecto en tren me generaba muchas dudas sobre si ese era el trabajo que quería para el resto de mi vida. Definitivamente no. Pero bueno, esto os lo contaré en otro artículo, ya que la reincorporación de muchas mujeres al mercado laboral después de ser madres y la reorientación que damos muchas a nuestras carreras profesionales (a la par que a nuestras vidas) da para otro post.

10 consejos para que la adaptación a la guardería sea un éxito

1. Elige bien la escuela (entra donde puedas)

Soy muy consciente del problema real que existe en muchas ciudades con las plazas públicas: son claramente insuficientes para absorber toda la demanda que hay. Nosotros hemos tenido suerte, ventajas de vivir en un pueblo pequeño, ya que nunca dejan a nadie fuera. Es la única escuela 0-3 municipal en el pueblo y además, ya cuando fuimos a verla en la jornada de puertas abiertas nos encantó. Su equipo docente, su proyecto educativo, su sensibilidad con los temas expuestos, sus instalaciones en un entorno natural, su manera de tratar a nuestros pequeños… su empatía al fin y al cabo no nos dejaron ninguna duda acerca de que esa era la guardería donde queríamos llevar a Indira.

Pero es fundamental que cuando estés ya en búsqueda de guardería te informes bien de cómo gestionan las adaptaciones, por si a tu pequeñ@ le cuesta más de lo normal estar lejos de ti. Si allí no te lo cuentan (eso o lo que te preocupe): ¡PREGUNTA! Pregunta siempre, no te dé miedo ser pesada, tus dudas son totalmente lógicas y válidas. Sé de algunas mamis que van a las jornadas de puertas abiertas con una libretilla con temas que consideran fundamentales (la comida, la hora de dormir, las actividades, la adaptación,… lo que sea). Yo eso no lo hice, pero si crees que puede irte bien, ¡adelante!

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Indira empezó la escoleta con 11 meses y 4 días

2. No marques el periodo adaptación en un calendario

En la guarde de Indira se destinan 3 días para hacer la adaptación. El primer día es una toma de contacto de los peques con el entorno siempre acompañados de sus pa-madres. El segundo y el tercer día se prueba saliendo de la clase un rato (1 ó 2 horas), a ver cómo reaccionan. Pero (y esto es lo más importante de lo que os quiero contar): este proceso puede alargarse todo lo que tu hij@ necesita. Nunca nos obligaron a dejar a Indira sola si no lo veíamos claro, no forzaron nunca la situación.

Los primeros días fueron un poco un suplicio. Recuerdo con una sonrisa cómo la escuela había preparado el desayuno para los ma-padres que esperábamos fuera y que con un guiño Miriam (la directora) nos preguntó: “¿Queréis una tila?” Entre risas y alguna lagrimilla disimulada tomamos alguna tila que otra con la oreja pegada a la clase por si nuestro bebé estaba bien.

Una de las cosas que más me gustaron (y tranquilizaron) es que si el bebé llora, no dejan nunca que se angustie. Primero intentan calmarlo ellas (para que vea que esos brazos también curan y calman) pero si ven que no, que sigue llorando, en seguida hacen entrar al progenitor para que se sienta seguro. Una vez el ma-padre entra en la clase, ya no vuelve a salir si no es con su bebé. Es decir, sólo hay una despedida. Si la ma-padre tiene que volver a entrar, ya se queda dentro participando de la actividad junto a su bebé.

Así que mi consejo es que, si puedes, móntatelo para no estar trabajando mientras dure el periodo de adaptación a la guardería de tu hij@, nunca sabes lo que puede durar. Una vez esté adaptad@, tú podrás ir a trabajar más tranquila y sin la doble preocupación de lo que supone separarte de tu bebé y reincorporarte a tu puesto de trabajo.

3. Hazlo progresivo

Como he comentado en el punto anterior, la adaptación respetuosa debe durar lo que tu hij@ necesite. Respeta y acepta sus ritmos, aunque el sistema no te lo ponga fácil y la conciliación no exista todavía en este país. En ese momento yo estaba de excedencia y os voy a contar un secreto: fácil no fue, fue muy, muy complicado económicamente (en alguna ocasión tuvimos que contar con la ayuda de mi familia). Pero salimos adelante y no me arrepiento de NA-DA.

De esta manera, al principio dejaba a Indira “hasta que aguantara” sin llorar mucho. Creedme, los primeros días no aguantaba ni media hora. Y me pasaba las mañanas en el patio sentada con los niños y alguna que otra madre cantando canciones infantiles y jugando. En los momentos que Indira me pedía teta, se la daba sin problemas. Mi objetivo es que allí se sintiera bien.

Al cabo de un mes, para octubre, empezó a quedarse hasta las 12h. Y al poco tiempo ya la vi preparada para quedarse hasta las 15h. Esto significaba que iba a comer y a dormir allí. El tema del comer no me preocupaba en absoluto (les había comentado que nosotros hacíamos BLW y no había ningún problema). Pero el dormir… ¡ay! Os confesaré que este aspecto era el que más me preocupaba, ya que hasta el momento siempre se había dormido conmigo y en la teta. “¡Aquí teta no tenemos, pero todo lo demás sí!”, me comentó sonriendo un día Loli, una de las mujeres del equipo. Pues bien: dormir en la guardería NUNCA fue un problema para Indira. ¿Por qué? Porque lo hicieron con amor y delicadeza. Al principio siempre necesitó que la durmiera Sara en brazos, su tutora y referente y con la que estableció un vínculo precioso. Y poco a poco ya no necesitó esos brazos y empezó a tumbarse ella sola en su camita para dormir la siesta. A mí me parecía increíble (en casa solo me quiere a mí para dormir todavía hoy), pero así fue.

Hasta que empecé a necesitar más y más horas para el nuevo negocio que emprendí (del que prometo hablaros algún día con detenimiento) y la dejé todo el curso hasta las 17h. Solo yo sé lo que me costaba llevarme a Indira de la escuela cuando llegaba a recogerla por la tarde… ¡tenía que jugar en el pati!

4. Confía en la escuela, en el equipo docente y también en tu instinto

Es fundamental que confíes en las personas con quien vas a dejar a tu más preciado tesoro. El equipo de profesionales tiene, en teoría, las herramientas para acompañar a tu bebé en esta etapa de su vida. Piensa que se encuentran con situaciones similares cada inicio de curso, así que… ¡confía en ell@s! Indira, que siempre tuvo mi amor, mi atención, mis brazos en todo momento, ¿cómo iba a reaccionar con otras mujeres a las que apenas conocía? Pues oye… al principio mal, como es normal. Pero al final… ¡las adoraba a todas sin excepción!

También debo decir que es importante que la escuela y sus maestras vayan en la misma línea respetuosa que tú. Si no es así, si algo no lo ves claro, si ves que no respetan tus ritmos o lo que crees que necesita tu hij@: háblalo primero, comenta tus dudas o cosas que no te cuadren. Y si tu instinto te dice que allí tu hij@ no está bien,… haz lo que quieras o puedas. Yo te aseguro que la sacaría de ahí y buscaría otras opciones.

5. Despídete siempre y dile que volverás después

Esto parece una tontería pero no lo es. En la escoleta de Indira me dijeron que siempre le dijera adiós. Sin dramas ni exageraciones. Pero un “adiós cariño, volveré después”, con un beso o abrazo es importante. Primero por respeto: ¿acaso no le dices adiós a tu pareja cuando te vas a trabajar? Segundo porque si te marchas a traición, sin decirle nada, tu hij@ no va a entenderlo y vas a aumentar de una forma muy estúpida sus inseguridades a la par que disminuir su confianza en ti.

6. Las tardes son para vosotr@s

Una vez haya salido, dedícale tu tiempo. Sobre todo en periodo de adaptación, evita llenar las tardes con otras visitas o actividades. Es probable que necesite recuperar el tiempo que ha pasado separad@ de ti. Indira se pasaba (aún todavía lo hace aunque cada vez menos) las tardes pegadita a mi teta. ¡Tetaaaaaaa!

Miriam nos lo advertía cada día: es una etapa de cambio muy bestia para ellos. Se están acostumbrando de golpe a un espacio nuevo, a estar con gente que no conocen y, sobre todo, a estar sin nosotros. Lo más normal del mundo es que estas noches les cueste más dormir, se despierten llorando, tengan más ganas de estar pegaditos a vosotr@s… Estad ahí.

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Y poco a poco vio que aquél espacio era super interesante y estimulante

7. Intenta anticiparte y sigue unas mínimas rutinas

Ves contándole lo que va a suceder: vamos a desayunar, iremos en el coche, llegaremos a la escuela… y veremos a Fulanita, a Menganita… Así tu hij@ se puede ir haciendo una idea mental de lo que pasará a continuación.

Ligado a esto, intenta seguir unas rutinas diarias. Las rutinas y el saber qué va a pasar después dan seguridad. Esto es así tanto en niñ@s como en perr@s. Pero ojo: que no te abrume el seguir la rutina, si esto se va a convertir en una obsesión y un estrés: fuera. Nosotros intentamos bañarla y cenar temprano, alrededor de la misma hora cada día. Pero si por lo que sea algún día hay algún cambio de planes, tampoco nos preocupamos en exceso. Take it easy!

8. Valida sus emociones y no le prometas lo que no sabes

Es normal(ísimo) que tu bebé llore. Acompáñalo e intenta NO decir: “No llores, te lo vas a pasar muy bien”. Llorar es bueno y lícito. Valida lo que siente y que vea que estás ahí, que lo entiendes. Una cosa que me preocupa desde que soy madre es que veo muy poca empatía con los bebés (“total, si no se enteran…”)… Bufff.

Por otro lado, aunque a veces se nos escape por pura inercia, no le digas que se lo pasará bien. ¿Y si no es así? Volvemos al tema de la confianza que deposita en ti y en el vínculo emocional. Propongo por ejemplo decirle cosas que seguro sí van a pasar, como por ejemplo: cantaréis canciones, jugaréis con la arena del patio, haréis actividades muy divertidas, yo vendré después… etc.

9. Date el lujo de llorar si lo necesitas

Si tú también necesitas llorar, hazlo. Huye de quien te diga que vaya tontería o que qué blanda eres. Llorar es necesario y hasta diría que saludable. Liberas tensiones, oxigenas el cuerpo y puede que después lo veas todo de otro color. ¿O no?

La separación de tu bebé es también una nueva etapa para ti, así que si para gestionarla necesitas llorar, no veo por qué no hacerlo. Eso sí: que no te vea tu bebé… le puedes añadir una angustia innecesaria.

La adaptación a este curso ha sido taaan distinta. ¡Nada que ver!

10. Fuera culpas y tormentos

Ay, maldito sentimiento de culpa que a veces se presenta sin avisar. Mantenlo a raya. Solo tú sabes las circunstancias de por qué has tomado la decisión de llevar a tu peque a la guardería. Y es tu decisión y no está ni bien ni mal. Es la tuya y nadie debe juzgarla. Punto. Así que una vez tomada, pa’lante.

 

Y mientras tanto Indira… Han pasado muchos meses desde la última vez que escribí, así que os podéis imaginar lo cambiada que está. Ha entrado de lleno en la aDOSlescencia (está a puntito de cumplir 2 años) y hasta ahora las rabietas las tenemos bastante controladas… casi casi no ha tenido ninguna así seria como para tirarse de los pelos. Lo que sí que hace es hablar un montón. Nos dice frases enteras que a veces nos quedamos a cuadros… ¿Cómo pueden crecer tan y tan rápido? Además, es bromista y teatrera. Me tiene el corazón robado, es que no lo puedo remediar. Amor de madre.

Pero como el post va sobre cómo lograr una adaptación a la guardería respetuosa y sobre todo exitosa, os contaré que a día de hoy Indira se levanta feliz cada día para ir a la escuela. Sus compañeras la reciben con cariño y tiene siempre ganas de quedarse allí a jugar y aprender cosas nuevas. Hoy os puedo decir que si bien los inicios fueron duros y en algún momento pensé que no lo lograríamos… la clave de nuestro éxito estuvo precisamente ahí, en haber hecho una buena adaptación. ¡Ánimo, hay luz al final del túnel!

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La adaptación de este año. La satisfacción de haber intentado hacerlo bien.. y haberlo logrado.

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