¿Poner o no poner pendientes?

Cuando supimos que Indira iba a ser una niña surgió el debate entre nosotros de si le perforaríamos las orejas al nacer, o si por el contrario dejaríamos que fuera ella la que decidiera cuándo y cómo.

En eso Xavi lo tenía clarísimo. No quería “marcar” a su hija recién nacida, solo por el hecho de haber nacido niña. Y yo lo veo igual, de hecho me daba rabia tener este debate porque si hubiera sido niño ni nos lo hubiéramos planteado. Pero reconozco que tuve mis momentos de dudas. No me preguntéis por qué. Supongo que es de esos momentos en la maternidad en los que tienes que tomar una decisión y aunque tienes claras tus ideas quieres sopesar todas las opciones.

Precisamente por esos momentos de dudas me metí en internet a investigar un poco. Me sorprendió gratamente ver que hay un montón de gente que piensa como nosotros. Y que en muchos países ven una barbaridad agujerear a una recién nacida solo por motivos estéticos o para distinguir su género (que todavía me parece más grave). Por ejemplo, en Alemania, Italia, Reino Unido, China… no existe esta tradición tan arraigada en España e incluso les sorprende que se haga esto a las niñas.

A mí mis padres no me pusieron pendientes cuando nací. Cuando tenía 6 años fui con ellos a un practicante a ponérmelos con toda convicción e ilusión, como cuando asistes al gran evento del año. Y es un recuerdo bonito que tengo de la infancia. Más adelante, con unos 16 o así, me hice 3 más de golpe, dos en la oreja derecha y uno en la izquierda. Cosas de la adolescencia.

Hoy me chiflan los pendientes, tendría unos para cada día. Pero insisto, fui yo, decidí yo sobre mi cuerpo. Me los puse en el momento que quise, después de llevar muchos años unos de clip de la Hello Kitty (¿dónde andarán esos pendientes que tanto me gustaban?), que me ponía un ratito y luego los guardaba para el siguiente momento en que me apeteciera ponérmelos.

Así que si estás en estos momentos de dudas, o simplemente buscas reafirmación, explicaré cuáles fueron nuestros argumentos para decidir que NO, que a Indira no le íbamos a poner pendientes:

  • Es un estereotipo de género (más). ¿Por qué a las niñas hay que hacérselo por haber nacido niñas? Luego nos dicen que somos el sexo débil. Sí, ya.
  • Es una forma de sexualizar al bebé. Los pendientes, la ropita rosa, las muñecas… ¿por qué no son para niños? ¿Dónde está escrito? Si quieres saber si es niño o niña, pregúntame su nombre, por ejemplo; o a malas pregunta directamente su género. No des por hecho que es un niño… claro, como no lleva pendientes. ¡¡Señora, estamos en el siglo XXI!!
  • Sí les duele. Existe una autoconvicción generalizada de que tienen la piel tan tierna que no les duele y eso no es así. Es cierto que a esas edades la piel es tierna, pero eso no impide que no sientan dolor al atravesarla. Por suerte no somos capaces de recordar el dolor, y un bebé no va a acordarse del momento. Y tampoco puede hablar para decirte cómo se siente.
  • Hay riesgo de que se les infecte y después de 9 meses en el útero de mamá, suficiente tienen los bebés con adaptarse a nuestro mundo, al ruido, a los olores, a las luces, al frío/calor, a los cólicos y gases, al hambre,… como para añadirle un agujero infectado en la oreja, ¿no crees?
  • Pueden causar alergia. Por mucho que sean hipoalergénicos o de oro, o plata… pueden generar rechazo en su cuerpo, y más de lo mismo: no interfiramos en su adaptación a la vida.
  • Es peligroso. Se puede enganchar con la ropa o las sábanas y hacerle daño. O, peor aún, podría caérsele y que se le metiera en la boca (vale, reconozco que esto es difícil, acepto pulpo, pero no es imposible).
  • Algunos bebés se tocan las orejas cuando tienen sueño. Es la forma que tiene Indira de decirme que quiere dormir.
  • Mi niña no necesita pendientes para estar más guapa (mami orgullosa modo on, jeje!). Bueno esto es una cuestión personal, pero ni a mi pareja ni a mí nos gustan demasiado los bebés con joyas (pendientes, cadenas, pulseras…), lacitos, adornos…
  • Va en contra de nuestro concepto de crianza respetuosa. Decidir sobre su cuerpo y marcarlo de por vida no va con nosotros. Además, existe una cierta hipocresía: le agujereamos de bebé sus orejas y nos escandalizamos cuando en la adolescencia nos pide un piercing… (¿?)
  • Puede ser que de mayor no le guste llevar pendientes. Si se los perforamos no hay marcha atrás. Que sea su propia decisión.
  • Es fácil (facilísimo) que los pueda perder… ¡y baratos no son precisamente!
  • La oreja crece y desplaza el agujero. En lóbulos tan pequeños hay poco espacio, y luego cuando las niñas crecen a veces los pendientes quedan descentrados y pueden no quedar bien. En esto se fijó Xavi, yo no me había percatado de este detalle.
  • No somos tradicionales, no va tampoco con nosotros hacer las cosas porque toca.

Todas las opciones son respetables. Sobre todo, tanto si le ponéis pendientes como si no lo hacéis, hacedlo porque lo deseéis así vosotr@s, no os dejéis llevar por lo convencional, ni por lo que se ha hecho siempre, ni lo que os diga la familia. Si hacéis lo que hayáis decidido libremente, estará bien.

¿Qué pensáis, pendientes sí o no?

 

Y mientras tanto Indira… Lleva rato frotándose las orejitas. Sabéis qué quiere, ¿verdad? 😉

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