La llegada del nuevo cachorro humano a casa

Cuando se espera la llegada de un bebé en una familia en la que ya hay perros o gatos, la preparación del encuentro debe empezarse a hacer desde meses antes. Yo siempre cuento que Lizzi y Tristán supieron que estaba embarazada antes que yo, pues me seguían a todas (¡todas!) partes, se acurrucaban a mi lado en la cama o el sofá e incluso apoyaban su cabecita con cuidado sobre mi vientre.

Conforme fuimos comprando o trayendo cosas para Indira a casa, se las dejábamos olisquear antes. Sin grandes solemnidades, simplemente para que con tranquilidad pudieran ir viendo que estábamos preparando un cambio en casa de forma paulatina.

Al ser los dos perros con miedos varios, nos interesaba que se acostumbraran a ver en casa objetos totalmente desconocidos para ellos: la hamaquita, esa tumbona rara con balanceo, a su altura y con unos muñequitos que parecen extraterrestres; la trona, una silla alta de patas largas con una bandeja de la que ahora misteriosamente cae comida; la minicuna de colecho, un lugar fantástico para meterse dentro y revolcarse para jugar (esto Tristán el terremoto); o el cochecito, un extraño “animal” de pies redondos y amplio caparazón.

No quiero que parezca que les mostrábamos los objetos expresamente para interactuar con ellos. Los dejábamos con naturalidad para que pudieran olerlos y conocerlos a su ritmo, sin actuación nuestra. De todo lo que fuimos “presentando” vimos que solo debíamos vigilar que Tristán no se metiera en la minicuna (no bajando la pared lateral que la une a nuestra cama), y que a Lizzi le preocupaba un pelín el movimiento del cochecito, por lo que fuimos moviéndolo siempre muy despacio hasta que vio que “eso” no le iba a hacer ningún daño aunque tuviera ruedas.

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Tristán el día que montamos la minicuna: ¡Qué cama más chula! ¿Es para mí?

Además, recuperé los capítulos sobre niños y perros de los libros que tengo de Santi Vidal (un referente para mí en educación canina), como por ejemplo Adiestra a tu perro en positivo y me tragué entera una de sus conferencias (colgada en Youtube) y organizada por Udols, asociación de la que somos socios. Busqué artículos sobre el tema publicados en la revista REC+ (Revista de Educación Canina en Positivo), que hay unos cuantos. Un día haré un buen recopilatorio y lo publicaré como post, pues en temas de educación canina, ya sabéis lo que pienso: ¡en positivo siempre!

Cuando Indira nació, mi madre, Jose y Laia durmieron en nuestra casa para poderse quedar con Tristán y Lizzi durante mi estancia en el hospital. Mi madre se llevó la ropa del primer día de Indira y cuando llegó a casa dejó que la olieran. Me contó que se tiraron hacia la bolsa y estuvieron un buen rato olisqueando y moviendo la cola a la vez. ¿Estarían conociendo el olor del nuevo cachorro humano? ¿Olerían también mi olor impregnado en la ropa de Indira? ¿Se estarían poniendo contentos viendo que todo estaba bien? ¡Seguro! Fue un momento precioso que me perdí, aunque al día siguiente la recién estrenada abuela Xaro me lo contó con todo tipo de detalles.

Y cuando por fin llegó el día en que volvimos a casa, no pude evitar emocionarme con su reacción. Nos recibieron en el jardín con saltos desbocados de alegría (Lizzi en seguida se dio cuenta de que yo caminaba lentamente aquejada por algo y aflojó; Tristán no, él es así, más joven y brutote). Al poco Indira, que iba dentro del cochecito, empezó a llorar y… ¡oh! ¿Qué era esa voz que salía de allí? ¡Si aquello siempre iba vacío! Los dos se acercaron corriendo y se pararon al lado del cochecito. Empezaron a mover la cabeza de un lado para otro (ese gesto tan gracioso que hacen algunos perros cuando les hablas), intentando entender aquél nuevo sonido humano. Se les veía felices, curiosos, expectantes.

Una de las cosas que me parecen más importantes destacar es que nunca hay que reñir al perro si está siendo más bruto de lo normal con el bebé. Simplemente, si ves que hay peligro de que le pueda hacer daño al bebé, retíralo de allí, sin decir nada. Ten en cuenta que es sin querer, que está en un estado emocional alterado (ha estado sin veros unos días, estás llegando con algo totalmente nuevo para él, nota que tú también estás entre emocionad@ y cagad@ de miedo…) y la situación podría sobrepasarle. Repito, ¡no le riñas, ni le corrijas! Naturalidad, tranquilidad y sobre todo confianza. Premia los comportamientos adecuados (una caricia cuando esté tranquilo, un ¡muy bien!, una chuche…) e ignora los que quieres evitar para no reforzarlos. Créeme, los dejará de hacer.

Es una relación que a mi modo de ver debe cocerse a fuego lento, sin precipitarse y con grandes dosis de paciencia y empatía con los perros. Deben asociar el bebé a algo positivo, un cambio del que forman parte (¡no los excluyas!); las mejores de mis caricias siempre aparecen en presencia de Indira. Y que si se hace bien, es una de las relaciones más bonitas, estrechas y duraderas que puede tener una personita que crece con un hermano de 4 patas. Si no, preguntadle a Xavi por el amor que siente aún por su querida y añorada Gora…

Al entrar dentro de casa yo cogí a Indira en brazos, dejamos que la olieran con cuidado y, como si ya la conocieran, se tumbaron a nuestro lado. Ese día empezó nuestra familia de 5.

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Conociendo al cachorro humano

En próximas publicaciones os contaré cómo siguió esa relación, pues ha sido un aprendizaje para tod@s. Humanos y perros. Solo os diré que las primeras carcajadas que soltó Indira fueron con las monerías de Tristán y de Lizzi.

Y mientras tanto Indira… Duerme. Dormía. ¡Me reclama! ¡Hasta pronto!

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